Abducción – La historia del Cabo Valdés

Cabo Valdés: historia no oficial de una abducción.

Veinticinco años después del encuentro OVNI más famoso y polémico de sudamérica, AÑO/CERO ha viajado hasta la Primera Región de Chile en compañía de uno de sus protagonistas. A pesar del tiempo transcurrido, los detalles de la experiencia sufrida por una patrulla del ejército chileno hace un cuarto de siglo continúan envueltos por un halo de misterio. Este ha sido el resultado de nuestra investigación en el lugar de los hechos…

Cabo Valdés.

Abducción   La historia del Cabo Valdés   Sin categoría OVNIs Extraterrestres Abducciones

Uno de los casos más sorprendentes en la historia de la Ufología Mundial es el ocurrido en Chile en el año 1976, y que tiene como protagonista a un grupo de soldados Chilenos, al mando del Cabo Valdés.

Cuando el grupo de se encontraba de patrulla, el cabo Valdés y cuatro de subalternos vieron un OVNI que descendía a poca distancia de ellos, El cabo a pesar de sentir un gran temor movido por una fuerza interna, se fue acercando al aparato; cuando ya estaba muy cerca de la nave, desapareció repentina y misteriosamente de la vista de sus subalternos.

A los quince minutos de ocurrido dicho incidente, el cabo apareció en otro lugar contando una historia increíble: aseguraba que había estado durante cuatro días en unos extraños parajes de otros planetas, donde tras un viaje largo pero rapidísimo, lo habían llevado los tripulantes del OVNI.

Naturalmente, sus subalternos no podían creer que esto fuera cierto, ya que estaban seguros de que sólo habían transcurrido 15 minutos desde su desaparición, y pensaban que era una alucinación del cabo, fruto de la excitación tras la visión del objeto extraño y de todo lo que había ocurrido.

Aquí estamos ante uno de los tantos hechos del fenómeno OVNI, que desafían nuestra lógica y nuestra imaginación; si los relojes de los soldados daban cuenta de que habían transcurrido sólo 15 minutos, la crecida de la barba del cabo y su propio reloj digital daban testimonio de que habían sido en realidad cuatro días.

Estamos frente uno de los “efectos físicos”, más común en los testimonios de las personas abducidas. Esta distorsión del tiempo en el fenómeno OVNI es una cosa muy difícil de entender pero por otra parte, es algo que nos da ciertas claves para comprender el fenómeno en toda su trascendencia.

En el libro Secuestrado por extraterrestres del español Antonio Ribera dice:

El cabo Valdés fue sacado de nuestro espacio normal y llevado a otro espacio y a otro tiempo.

Breve resumen del caso del Cabo Valdés

La patrulla militar que fue protagonista de los hechos de la madrugada del día 25 de Abril de 1977 es: Armando Valdés Garrido, Humberto Rojas Bell, Iván Robles Riera, Germán Riquelme Valle, Raúl Salinas, Pedro Rosales, Juan Reyes, y Julio E. Rojas Suárez.

Se debe hacer notar que los nombres de los componentes de la patrulla difieren mucho según la fuente de la publicación. Mientras el periodista Juan Jorge Faundes habla de solo siete soldados, Jorge E. Anfruns, escribe que son ocho, y el investigador argentino Antonio Las Heras, único ufólogo que llegó a tener contacto con el caso a los días de suceder los acontecimientos nos habla de un componente de la patrulla llamado Julio Rato, mientras elude el nombre de Julio E. Rojas Suárez. A este respecto podemos decir que este personaje llamado Julio Rato también aparece en algunas publicaciones de periódicos de la época, omitiendo el nombre de Julio E. Rojas Suárez, o algún otro componente de la patrulla indistintamente.

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Las discrepancias comienzan ya en este primer detalle. Antonio Las Heras llegó invitado por Canal 13 de TV a los pocos días de los sucesos de Pampa de Lluscuma, él investigador argentino ha comentado más de una vez que el ambiente que se vivía en aquellos días en Santiago, tanto sea a nivel calle, como en los propios medios de difusión era realmente efervescente. Incluso el ambiente periodístico trataba cada cual “agregar algo de su propia cosecha”. No es de extrañar que en ese ambiente se perdiera a la verdadera identidad de cada individuo de la patrulla.

El único periodista que logro hablar con Armando Valdés Garrido al día después de la experiencia de la patrulla fue Pablo Honorato de Canal 13 de Televisión y cuyas impresiones daremos más adelante dentro de otro contexto de esta historia. Luego Valdés desaparecería de la vida pública durante más de veinte años.

La experiencia en si de la patrulla militar se puede abreviar de la siguiente manera. Aquella noche del Domingo 24 de Abril la patrulla militar formada por ocho integrantes de las Fuerzas del Ejército de Chile estaban al mando del cabo Valdés Garrido. El campamento estaba a unos 300 kilómetros de la ciudad de Arica, la localidad más cercana era Putre. La noche era muy fría, quince grados bajo cero. Los militares estaban alrededor de una fogata, cuando se acerco corriendo el soldado Pedro Rosales que hacia labores de vigilancia diciendo: “Mi cabo… hay una luz que se esta desplazando del cielo, viene bajando…”

Los militares comprueban que esta luz esta bajando por el cerro y se les acerca cada vez más. La luz es muy potente, de un color blanquecino, intenso que lo ilumina todo. El pánico comienza apoderarse de los componentes de la patrulla. Valdés ordena tapar la fogata y a la vez que se formen en actitud de encadenados de los brazos.

Se habla de dos luces que se ubican delante de los cerros por donde había caído el primer objeto. Los movimientos son descritos como espectaculares y otros que su majestuosidad era apreciada considerablemente, de aspecto ovaladas y con luces rojas pequeñas que destellaban como balizas. El objeto principal se acerca considerablemente al lugar de la patrulla y su luz lo ilumina todo. Algunos componentes de la patrulla comienzan a rezar y a otros el pánico les hace llorar. Raúl Salinas en conversación con este corresponsal habla de un real descalabro inicial, pero luego recuerda ver a todos sus compañeros paralizados. Aquí es cuando el Cabo Valdés se aproxima a la luz adelantándose unos 15 metros y pide que se identifique aquello tan extraño. Una niebla lo hace perderse de vista de la patrulla y aquí existe un periodo de tiempo clave para todos los componentes militares de esta patrulla.

Ateniéndonos a las palabras de Raúl Salinas el Cabo desapareció de la vista de la patrulla y ellos de pronto se vieron como saliendo de una extraña somnolencia. La primera acción fue buscar al cabo Valdés desesperadamente, al termino de 15 minutos sintieron como caer un fardo o un bulto del otro lado de la “pirca” o quizás viniera de arriba. Era el Cabo Valdés totalmente en trance según sus compañeros, usando una entonación extraña y que no era propia de sus características vocales. Balbucea frases inconexas y habla de su madre en forma desesperada… Aquí es donde emite según sus compañeros la famosa frase: ¡¡¡Ustedes no saben quiénes somos, ni de donde venimos, pronto volveremos¡¡¡ La desesperación es máxima en la patrulla al ver a su superior en aquel estado, más aún cuando detectan al militar con barba crecida estando recién afeitado aquella noche.

Según palabras de Raúl Salinas a este corresponsal uno de los soldados que trata de calmarlo sujetándole los brazos contra el suelo le aplica un fuerte golpe en su rostro para que vuelva en sí. En este punto hay que mencionar el detalle del reloj del Cabo Valdés que se encontraba adelantado y detenido a cinco días posteriores de los hechos ocurridos, es decir que en vez de marcar el día 25 señalaba el día 30. Este detalle ampliamente divulgado por la prensa se ha convertido en un punto de la controversia más reciente ya que Raúl Salinas declara ya en el año 1999 a este corresponsal que este reloj no era del Cabo sino de uno de los compañeros de la patrulla y que el reloj no se tomó en cuenta hasta el día siguiente y que no estaba adelantado sino al revés “estaba atrasado y marcaba el día 20″, lo cual hace este episodio más complejo y difícil al tratar de entender que hay detrás de todo esto. El famoso reloj desapareció como por arte de magia al día siguiente.

Estos son los detalles en forma resumida de lo que supuestamente paso aquella noche en este campamento militar. Sobre estos hechos iremos trabajando y desmenuzando detalles concretos en apartados más adelante para lograr estructurar los hechos más o menos coherente y los cambios y detalles que han ido agregándose a medidas que ha pasado el tiempo, más aún ahora cuando las opiniones de los protagonistas hay que tomarlas con pinzas y con mucha cautela. Intentaremos buscar los caminos más coherentes a una posible verdad de los hechos o que se oculta realmente detrás de todo esto.

¿Qué pasos dio el Cabo Valdés una vez pasadas las intensas horas de aquella madrugada del día 25 de abril de 1977?

El Cabo Valdés el día 25 de Abril de 1977 a las seis de la mañana aproximadamente baja a la localidad de Putre y se dirigió a la casa del encargado de la escuela de esta pequeña localidad, el nombre del profesor que lo atiende es Pedro Araneda. Este maestro, curioso y elemento esencial social en una localidad tan apartada es el primer civil que ve y escucha la experiencia del militar.

Valdés solicita a Pedro Araneda que lo acompañe a Lluscuma para “calmar” a su gente. Su estado es muy nervioso y habla atropelladamente y en forma alterada. Rehusa volver a caballo y prefiere hacer el camino a pie. Antes de subir a Lluscuma concurren al cuartel de Putre donde los atiende un carabinero (policía chileno) de graduación cabo y de apellido Flores, quien se muestra muy confuso ante el relato del Cabo Valdés.

Subiendo a Lluscuma el profesor Araneda nota un enorme cansancio en Valdés y ante la insistencia que monte a caballo, Valdés sigue rehusando las invitaciones. Durante el trayecto de ambos a Lluscuma el cabo Valdés repite su experiencia al profesor Araneda, y le dice que según relato de la gente de la patrulla “había desaparecido un tiempo” y que no recordaba nada de ese lapso.

La ambulancia solicitada en Putre llega justamente con Araneda y el Cabo Valdés ante la patrulla. Los integrantes comienzan a explicarse atropelladamente y con gran nerviosismo ante los recién llegados. Araneda nota una lucidez total en los militares pese al haber pasado toda la noche sin dormir. Araneda comienza a realizar la primera grabación en cinta magnetofónica de la experiencia.

El profesor luego de escuchar y preguntar al respecto de lo que había pasado aquella noche, solicita una reconstrucción de los hechos y conjuntamente con el Cabo Flores (que era asistente técnico sanitario de carabineros) que también lo acompañaba, pide ir al lugar de los acontecimientos.

El cerro esta a unos mil metros del sitio donde encuentran, cuando se acercan al lugar sienten enormes ganas de vomitar y la descomposición de varios militares de la patrulla es evidente. Araneda indica salir del sector ante la eventual presencia de radioactividad, por lo menos, eso es lo que piensa en esos momentos.

Llega una patrulla de revelo, que una vez informada de la situación se distribuye por las quebradas vecinas en una rigurosa inspección del terreno que rodeaba al cerro de los acontecimientos de la noche anterior. Mientras tanto en las caballerizas el Cabo Valdés seguía en un estado de nerviosismo continuo repitiendo su experiencia al profesor Araneda, igualmente que los integrantes de su patrulla.

Se encuentra un trozo de metal

Al volver las patrullas de inspección de los alrededores traen un trozo de metal parecido a una asta de motor, totalmente inusual en una zona tan desabitada como Lluscuma. Araneda a los años después de la experiencia relató el hallazgo de este trozo de metal, al principio calló ya que encontró oportuno hacerlo en aquellos momentos mismos del suceso, dado el alto grado de excitación que existía en todos los estamentos y personas que iban relacionándose con la experiencia vivida por Valdés y su patrulla militar.

Según Araneda este trozo de metal estuvo largo tiempo guardado. Posteriormente se entregó a personal del periódico La Estrella de Arica, con intenciones de hacerlo analizar. De esta misión se encargaron los peiodistas Luis Daroch y Luis Maturana. Daroch informó que nadie en la ciudad de Arica pudo determinar si pertenecía a un motor convencional. El material al ser analizado resulta ser aluminio y no representaba ningún signo de óxido y al parecer su quebradura había sido reciente dado el estado del sitio de la rotura.

Como dato anecdótico aunque siempre diciendo que en una investigación todo detalle cuenta, el periodista Luis Daroch durante mucho tiempo se sintió perseguido y la pieza de metal recogida en la Pampa de Lluscuma la llevaba en su coche envuelta en un plástico. Este periodista murió en el año 1985 víctima de un cáncer de páncreas. El trozo de metal no fue encontrado jamás y la única persona que sabía de su existencia era Daroch y un reducido número de personas, entre ellos, el periodista Maturana y el profesor Araneda. Queda aquí ese dato poco mencionado al tratar este caso. ¿Existió realmente este trozo de metal en esta historia? Veremos los que nos dicen los protagonistas más adelante.

El Cabo Valdés sigue alterado

El cabo Valdés es bajado de Lluscuma en la ambulancia en un estado de alteración notable. Cae nuevamente en un estado de inconsciencia y comienza a delirar. Grita y expresa frases como: No me hagan daño… La luz, no me lleven…

Araneda pide permiso para invitar a la patrulla a su casa y volver a comentar los hechos una vez pasada las horas, alrededor de una taza de café y en plan familiar junto a su esposa. La petición es autorizada ya que posiblemente Araneda es una de las personas más respetables de la zona, y toda una institución social dentro del pequeño poblado..

Una vez en casa de Araneda, el Cabo Valdés duerme y se despierta más descansado. En esos momentos Araneda nota la barba crecida de Valdés quien reconoce tenerla como de una semana sin rasurarse. En la conversación llega imprevistamente la luz, (la energía eléctrica en Putre llegaba en esos años solo a ciertas horas del día) Al tener los interruptores activados la luz inunda la habitación sorpresivamente y el Cabo Valdés nuevamente entra en un estado de alteración total, comienza a gritar: “la luz… la luz… la luz… otra vez… la luz”.

Araneda describe al cabo Valdés aterrorizado y mirando fijamente al televisor que estaba encendido por la acción de la llegada repentina de la energía eléctrica.

Otros detalles pocos explicados de este caso

Araneda según su propio relato grabado, logra sacar a luz una serie de detalles que luego en la gran avalancha de noticias nos son tomados en cuenta y se pierden en el olvido y en el paso del tiempo. Las investigaciones posteriores han determinado que el personal de la patrulla militar estaba acompañado de caballos propios para realizar su misión de vigilancia, y existía la presencia de un perro de nombre Huamachuco. Estos animales ante el fenómeno de la luz que baja del cerro y su presencia ante la patrulla militar tienen un curioso comportamiento. Permanecen quietos mirando la luz, casi estáticos, cosa inusual en este tipo de animales. Las orejas se mantenían hacia delante y los caballos soltaron todos sus esfínteres.

La descripción del comportamiento de estos animales es importante ya que están estrechamente relacionadas con el comportamiento de la patrulla militar y algunos matices nunca han sido bien definidos y los analizaremos más adelante.

En conversaciones posteriores con Raúl Salinas este no recuerda un perro en el campamento y menos denominado con este nombre, lo que hace pensar que la prensa de aquellos años confundió nombres y los autores de la información escrita transcribieron datos agregando de su propia cosecha elementos extraños al caso mismo.

Investigaciones posteriores

La investigación en terreno es la que da a luz una serie de pautas a seguir en la ufología. Cuando ocurrieron estos hechos en Chile no había ninguna organización dedicada al estudio del fenómeno Ovni, solo algún grupúsculo de tipo contactista y con una visión totalmente mística del fenómeno deambulaba por el territorio chileno. Los hechos relatados conmocionaron la sociedad chilena y la televisión en sus programas de mas audiencia trató el tema de la patrulla militar del Cabo Valdés. Uno de estos programas fue Sábados Gigantes del presentador nacional Don Francisco, programa que posee el record Guiness en estos momentos por llevar más de 40 años en candelero interrumpidamente, incluso ahora se emite en ediciones americanas y para todo Centro América. El programa en mención recurrió a investigadores argentinos para conversar con más juicios sobre lo que realmente había pasado a la patrulla militar, para tal efecto viajo el investigador Antonio Las Heras quien recogió varios detalles importantes y que condenso en su libro Ovnis, los extraterrestres entre nosotros.

Haciendo una recopilación de datos e impresiones tanto sea de este investigador argentino, como posteriormente las investigaciones de Jorge E. Anfruns investigador chileno que también se ha preocupado extensamente de este caso y las propias de este autor que ha estado en varias oportunidades en el lugar de los hechos, es obligado hacerse las siguientes preguntas:

  1. Al ser Lluscuma una zona fronteriza con Bolivia, es imposible que haya habido una sola patrulla militar en misión de vigilancia. Las relaciones entre Chile y Bolivia son frágiles lo que nos hace pensar que pueden haber más personas relacionadas con el caso.
  2. ¿Es posible que una patrulla militar en misión de vigilancia no lleve un equipo de comunicación con su base? No existen noticias respecto a este punto. Aunque pensamos que se usó este equipo, no aparecen registrado en ningún lado. Si existieron comunicaciones o instrucciones con superiores se han reservado sigilosamente y no han trascendido a la opinión pública.
  3. En el posterior traslado del Cabo Valdés al Hospital de Arica es registrado una serie de individuos de habla y aspecto americanos que interrogan al cabo Valdés. A pesar que no existe un informe de su estado físico y mental, es lógico que el acontecimiento atrae al personal de Servicios Especiales Extranjeros (posteriormente hablaremos de la opinión oficial de psiquiatras militar de la época)
  4. Se habla del efecto electromagnético de los Ovnis. Esto explicaría que los aparatos de comunicación no funcionaran correctamente ¿pero las armas de fuego que llevaban los militares? En este punto hay que decir que existen testimonios de gente de la localidad de Putre que vieron bajar el armamento de la patrulla con los cañones “retorcidos” a igual que las municiones aplastadas como si un enorme peso hubiera pasado encina. Esta idea anterior ha sido mantenida por muchos investigadores y autores de libros y periodistas relacionados con este caso, pero este punto es trascendental en las discrepancias al termino de los años, cuando el integrante de la patrulla militar Raúl Salinas expreso en más de una oportunidad a quien escribe que no había armas en el campamento, algo increíble y de difícil comprensión para cualquier personal militar en una zona tan conflictiva no solo por las fronteras cercanas sino por el contrabando que motiva este lugar.
  5. La patrulla constaba de ocho hombres incluido el cabo Valdés, pero en todas las fotos oficiales aparecen cinco. ¿Por qué razón? Según los hechos “oficiales” solo una persona desapareció en la luz. El fenómeno al parecer fue muy selectivo, pero cabe pensar que a lo mejor existen dos personas más afectadas que han tratado de ocultar deliberadamente.
  6. Algunas explicaciones extra-oficiales han expresado que nunca se dejo fotografiar el reloj del cabo Valdés, por asuntos de tipo comercial. El reloj llevaría una marca de fábrica y seria una publicidad añadida por todo el mundo si hubiera resultado ileso, o todo lo contrario, igualmente se hubiera utilizado con fines comerciales de ser inverso. Sea de una forma u otra, del reloj se sabe que era digital y nunca se mostró a la prensa abiertamente, lo que sí es cierto es nunca más se supo del famoso aparato del tiempo.
  7. ¿Por qué el cabo Valdés fue el único integrante de la patrulla que desfiló el día de las Fuerzas Armadas, el 19 de Septiembre de 1977, delante de las autoridades militares? Se tiene en conocimiento que los otros integrantes de la patrulla fueron pasados a retiro rápidamente.
  8. ¿Por qué si el Ejército aceptó un informe médico que hablaba de paranoia en el Cabo Valdés siguió perteneciendo a la Institución castrense e incluso ascendido en su grado militar?
  9. ¿Qué paso con otros utensilios propios de una patrulla militar, u objetos que acompañan a cualquier persona en un viaje? Hebillas de cinturón, llaveros, monedas, tapaduras dentales, anillos, identificación militar, chapa del cuello militar, etc.

¿Existió una censura militar sobre este caso?

No cabe duda que los estamentos militares se movieron rápidamente y no solo las autoridades chilenas, sino que existió un gran movimiento de Servicios de Inteligencias Americanos (CIA) trabajando para ocultar y controlar los acontecimientos.

Además con el paso del tiempo se ha podido determinar que las informaciones fueron dirigidas y conducidas. Los periódicos y la población en general fue hábilmente inducida para lo que se quería hacer saber y no lo que deberíamos haber conocido.

El día 18 de Mayo de 1977 el Director del Diario La Estrella de Arica recibió la Circular Nº 25 de la Gobernación Provincial de Arica, esta decía:

Me dirijo al Señor Director con el fin de informarle que se complementa la circular Nº 21 de fecha 17 de Mayo en curso que impartió instrucciones relacionadas con Ovnis en el sentido que lo ordenado se fundamenta en le letra C del articulo 34 de la Ley 12.927

Fuente: taringa

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